Había una señora que cosía, y cosía y cosía, día y noche, cosía. Le encantaba sacarle de la falda de muchachas sanas pedazos de tela, que luego le adicionaba al gran manto que estaba cosiendo. Esta triste y patética señora sufría una terrible maldición de poseer una no-personalidad.
Como odio yo que todavía esta vieja de mierda que todavía no se da cuenta que si me sigue robando pedazos de pollera, siempre va a ser eso, una persona de mierda, sin personalidad, sin ACTITUD, sin mojo.