Sus ojos retrataban la libido que sus glándulas producían.
La oscuridad.
La tenuidad de la piel,
no hacen falta las manos para lo impalpable.
Las gotas de lluvia
danzando alrededor nuestro,
en un ritual macumba del amor.
Despertar no sería un gran problema,
cuando el insomnio nos jugaba tretas.
La gravedad ausente.
Vuelan por los aires pedazos de nuestros pies,
dejando desnudos cada uno de los dedos.
Desnudos en un todo cósmico.
La tormenta que se hace agua en las paredes.
Relámpagos que se dibujan en el rostro pálido,
el trueno con delay, como música de fondo.
Mis piernas tiemblan,
difuminándose, como gotas de transpiración
que se evaporan con el calor corporal.
Sentir,
sentir por dentro la necesidad del otro,
de uno mismo.
No hay nada más lindo que la lluvia tropical.