que para perder el tiempo
en calles abandonadas
y teatros baratos
somos demasiado jóvenes,
y para dejar escapar los sueños inconclusos
aún tenemos sangre.
Bañemos nuestros pies en
aquello que llaman R E S U R R E C C I Ó N.
Podríamos ser los dueños
de nuestras vidas inexistentes
después de nuestra muerte.
Dejemos que nos sepulten vivos los secretos,
mientras placas tectónicas crujen
en nuestras espaldas,
gusanos nos salen por entre los ojos,
y flores mueren
con el invierno prematuro
en nuestras entrañas.
Y si súcubos nos enamoraran,
íncubos nos traicionaran,
y nos molestaran...
¿Sería erróneo que nos clavásemos
alfileres en el estómago entre nosotros?
No te pediría jamás
que muriésemos juntos,
o quedáramos entrlazados
contemplando algún cielo adjunto,
pero
¿Serías feliz si me cortaras
los dedos y los usaras
para escribir tus poemas?
Quisiera regalarte mis párpados,
para dormir abrigado.
Quisiera perecer en tu agonía incierta.