Cuando el mundo se vuelve cada vez más común ante mis ojos, y las cosas me lastiman cada vez más, es cuando me empecino más en dejar de ser normal, y volverme más extraplanetaria. Me crecen escamas abajo de la ropa, me crece el pelo hasta las rodillas, mi piel se vuelve de colores raros, y mi mente está cada vez más un agujero negro. Mis ojos cambian de negro a marrón, mis costillas se notan cada vez más, y siento menos ganas de llorar. Dejo de hablar el idioma del común denominador, y no entiendo ni una palabra que la gente me pronuncia. Debe ser que cuando me siento rara, me siento ida de la realidad enfermiza, vuelvo a nacer en algo amorfo y absurdo, en algo impalpable, algo condensado. Un asteroide, un cuerpo celeste, o un habitante de planetas satelitales a la Tierra.