Hoy empecé comiendome el mundo. Fue gracioso porque sentí como realmente me lo comía. Me sentía hermosa. Me sentía libre. Me sentía bien. Y no hubo nada, en lo más mínimo que me hiciera tropezar.
Me determiné estar bien con lo poco que me queda, y sonreir por lo mucho que me falta, y los demás tienen.
Hoy me importan muy poco las malas señales karmáticas que me de el cosmos.